Lucy 2014: el origen, los motivos para verla y el dilema fascinante de la película

Ochenta y nueve minutos. Es todo lo que necesita Luc Besson en Lucy para transformar a una mula del narcotráfico en algo que roza lo divino —y dejarte con una resaca filosófica que dura días. Dirigida en 2014 y protagonizada por Scarlett Johansson, la película es esa ciencia ficción que no tiene miedo de ser excesiva, y es justamente eso lo que la vuelve inolvidable.
Cómo llegó Luc Besson a esta idea alocada
La premisa es simple y explosiva: ¿qué pasaría si un ser humano pudiera usar el 100% de su capacidad cerebral? Besson trabajó en el guion durante unos nueve años antes del rodaje, mezclando lecturas de neurociencia, evolución humana y filosofía oriental para darle sustancia a la fantasía. El cineasta francés ya tenía un historial de protagonistas femeninas complejas en Nikita y El quinto elemento, y Lucy es claramente prima de sangre de esas obras.
La elección de Scarlett Johansson tampoco fue casualidad. Venía de Her y ya estaba en carrera para Under the Skin (Bajo la piel), y la actriz acababa de demostrar que podía sostener películas enteras con muy poca expresión —ideal para un personaje que va perdiendo la humanidad en tiempo real. Morgan Freeman completa el elenco como el profesor Norman, el científico cuyas teorías sobre el potencial humano cobran vida ante sus propios ojos.
La droga CPH4 y la escalada cerebral
Lucy es una joven estadounidense que vive en Taiwán y termina forzada a transportar una nueva droga sintética —la CPH4— implantada quirúrgicamente en el abdomen. Cuando la bolsa se rompe dentro de su cuerpo, la sustancia se absorbe y comienza a desbloquear progresivamente su capacidad cerebral.
Con el 20%, ya domina idiomas, lee pensamientos y controla su propio cuerpo con precisión quirúrgica. Con el 40%, manipula el electromagnetismo y percibe la realidad de formas que ningún humano logró jamás. A medida que los porcentajes suben, Lucy literalmente empieza a trascender la especie.
El detalle curioso: la CPH4 no es pura invención. Es una referencia a una molécula real que producen en microgramos las mujeres embarazadas. Besson tomó ese dato científico, lo llevó al absurdo —y funcionó.
Por qué vale cada minuto de los 89
Un ritmo visual impresionante. Besson es famoso por su estilo, y aquí está en su punto máximo. El montaje intercala escenas de acción con imágenes de documentales de naturaleza —depredadores persiguiendo presas, un parto, la evolución— creando un paralelo audaz entre Lucy y el propio proceso biológico. No es una película que te deje respirar.
Scarlett Johansson en estado puro. La transformación de víctima asustada a ser omnisciente es gradual, creíble dentro de las reglas de la película, y está completamente sostenida por su actuación. Es raro encontrar una actriz capaz de vender terror visceral en una escena y desapego emocional total en la siguiente.
Una ciencia ficción que provoca. Lucy no es hard sci-fi. Pero plantea preguntas genuinas: ¿qué nos hace humanos? ¿Qué es la conciencia? ¿Qué pasa cuando la inteligencia trasciende la emoción? Son cuestiones que quedan dando vueltas mucho después de los créditos finales.
Corta y directa. Noventa minutos. Sin subtrama romántica forzada, sin secuencia de entrenamiento eterna, sin tercer acto inflado. Es raro y merece aplausos.
El elefante en la habitación: el mito del 10%
El gran punto de discusión en torno a Lucy es que se apoya en el mito del 10% —la idea popular (y científicamente incorrecta) de que solo usamos una fracción del cerebro. Los neurocientíficos explican desde hace décadas que usamos prácticamente todo el órgano, solo que en momentos distintos y para funciones distintas.
Besson lo sabía. En entrevistas, admitió que usó el mito conscientemente como recurso narrativo —no como afirmación científica. El propio profesor Norman, dentro de la película, deja claro que es solo una hipótesis. Es el equivalente a quejarse de que Volver al futuro ignora las paradojas temporales: técnicamente correcto, pero se te está escapando el punto.
La ciencia ficción existe justamente para explorar el “¿y si?” —incluso cuando el “¿y si?” parte de una premisa floja.
Imperfecta en la ciencia, impecable en la experiencia
Si buscas una ciencia ficción rigurosa y fiel a la neurociencia, Lucy te va a frustrar. Pero si quieres una experiencia audiovisual intensa, filosóficamente provocadora y liderada por una de las mejores actrices de su generación, la película entrega todo eso sin desperdiciar un segundo. Es el tipo de película que termina con tu cabeza llena de preguntas y con ganas de volver a verla solo para captar los detalles que se te escaparon. La ficha de Lucy en nuestro Rei dos Filmes reúne calificación, tráiler y sinopsis, por si quieres volver a repasarla.
¿Y tú, cuál es tu lectura del final? ¿Lucy evolucionó, se convirtió en Dios, se convirtió en máquina, o trascendió todo eso? Cuéntanos en los comentarios.


Comentarios