Streets of Rage 2: 33 años del mejor beat 'em up del Mega Drive

Streets of Rage 2: 33 años del mejor beat 'em up del Mega Drive

Hay una escena que todo el que creció con el Mega Drive conoce de memoria: tú y un amigo sentados en el suelo del salón, el volumen de la tele al máximo, dos mandos de tres botones en la mano —y esa línea de bajo pesada de Streets of Rage 2 estallando por el altavoz de un televisor de 14 pulgadas. No había explicación racional para cómo esa consola sacaba ese sonido. Solo sabíamos que queríamos más.

El contexto: un beat 'em up necesitaba una mejora

El primer Streets of Rage llegó al Mega Drive en agosto de 1991 en Japón —Bare Knuckle era el nombre original. Era bueno. Tenía acción, tenía dos jugadores, tenía la banda sonora de Yuzo Koshiro que ya era distinta a todo. Pero tenía limitaciones que cualquiera notaba: pocos movimientos, enemigos repetitivos, fases que caían en el mismo ritmo tras un rato.

Sega lo sabía. Así que le dio al equipo los recursos para hacer algo diferente. Y en diciembre de 1992, Streets of Rage 2 llegó a las estanterías japonesas como una respuesta definitiva: más personajes, más golpes, más música, más fases. No era una secuela incremental. Era un salto.

Cuatro personajes, cuatro formas de jugar

El primer juego tenía tres luchadores: Axel, Blaze y Adam. En el segundo, Adam fue secuestrado por Mr. X —eso explica su ausencia en la historia— y el elenco ganó dos caras nuevas.

Max Thunder entró como el coloso lento del grupo: golpes con daño enorme, alcance impresionante, velocidad de desplazamiento que exigía paciencia. El tipo de personaje que los aficionados descartaban y los experimentados sabían usar en los momentos justos.

Eddie "Skate" Hunter, hermano menor de Adam, era lo opuesto: el más pequeño y rápido del elenco, con patines, un estilo de combate agresivo y una curva de aprendizaje que recompensaba a quien le dedicaba tiempo. En los años 90, Skate era el personaje "difícil" que la mitad de los niños adoraba y la otra mitad evitaba.

Axel volvió más fuerte. Blaze siguió siendo la mejor opción para principiantes que buscaban consistencia. Cada personaje tenía su propio set de movimientos —el Grand Upper de Axel, el Vertical Kick de Blaze, el Body Press de Max, el Grinding de Skate— y eso creaba un incentivo real para jugar el juego completo más de una vez.

La música que Yuzo Koshiro compuso en un ordenador de los años 80

Esta parte merece una pausa.

Yuzo Koshiro compuso la banda sonora de Streets of Rage 2 usando un NEC PC-8801 —un ordenador doméstico japonés de 1981— junto con un lenguaje de programación de audio que él mismo creó. No usó software comercial. No usó herramientas de composición modernas. Escribió código para hacer música.

El resultado fue una de las bandas sonoras más aclamadas de la historia de los videojuegos. Sonidos de club, techno, rave —subgéneros que apenas existían en el mainstream latinoamericano o español en 1992— en una consola de 16 bits con un chip de audio YM2612 de seis canales. Cuando la banda sonora llegó a Occidente, los productores de música electrónica se llevaron un buen susto. Koshiro fue invitado a hacer sets en discotecas japonesas tocando los temas del juego.

Pistas como Spin on the Bridge, Dreamer y Go Straight suenan fechadas hoy en el sentido correcto: remiten a un momento específico de la música electrónica de los 90 que nunca volvió. Motohiro Kawashima firmó tres pistas adicionales y mantuvo el mismo nivel. El álbum completo de la banda sonora se lanzó en vinilo por el sello Data Discs décadas después —prueba de que la cosa no envejeció, solo ganó estatus.

Jugabilidad: puñetazos, ítems y cooperativo que ponía a prueba amistades

La mecánica central de SoR2 no tiene misterio: avanza por la fase, derrota a todos los enemigos, llega al jefe. Es la fórmula del beat 'em up clásico. Lo que marcaba la diferencia era la ejecución.

Cada personaje tenía un golpe especial que consumía vida al ejecutarlo —una decisión de riesgo que exigía criterio. Los enemigos volvieron con una variedad mucho mayor que en el primer juego: luchadores de wrestling, mujeres con látigo, robots, soldados pesados. Cada uno con un patrón de comportamiento propio que ibas aprendiendo a lo largo de las ocho fases.

Los ítems en el suelo —manzana, pollo asado, botellas de leche— eran moneda de supervivencia en las dificultades más altas. Saber cuándo cogerlos y cuándo ignorarlos marcaba la diferencia entre llegar al final o verte obligado a usar un "continuar" en la última fase.

En el modo cooperativo, entraba un elemento que Battletoads haría famoso por el lado negativo: el fuego amigo. Los golpes especiales alcanzaban al aliado. Era posible hacerle más daño a la pareja que los propios enemigos. ¿Lo gestionabas bien? El juego se volvía más fácil. ¿No? Había mucho de qué discutir durante los créditos finales.

En Latinoamérica y España: videoclub, cinta prestada y aquella derrota en el penúltimo jefe

La historia de SoR2 pasa inevitablemente por el videoclub. El cartucho importado era cosa de familias con dinero. El resto alquilaba el fin de semana, se quedaba con el juego desde el sábado por la mañana hasta la devolución del domingo por la noche e intentaba llegar lo más lejos posible.

El jefe Shiva —el guardaespaldas personal de Mr. X, que aparece al final de la cuarta fase— era la primera gran barrera. Rápido, con un combo aéreo que quitaba la mitad de la vida si no conocías el patrón. Mucha gente terminó el fin de semana ahí, devolvió la cinta sin ver la segunda mitad del juego.

Quien llegó a Mr. X al final sabe que la sensación de derrotarlo era desproporcionada. No porque fuera el jefe más difícil —es manejable con paciencia— sino porque el camino hasta él cobraba caro. Llegar allí era prueba de competencia.

33 años después: dónde jugar y por qué aún vale la pena

Streets of Rage 2 está disponible en Nintendo Switch Online y en Xbox Game Pass como parte de la biblioteca SEGA Genesis/Mega Drive. También se puede comprar individualmente en prácticamente todas las tiendas digitales.

Streets of Rage 4, lanzado en 2020 por Dotemu y Guard Crush Games, se considera una de las mejores continuaciones de franquicia retro jamás hechas —y usa SoR2 como referencia declarada para el diseño de combate. Jugar al 2 antes que al 4 es una experiencia distinta: percibes exactamente dónde aprendió lo moderno del clásico.

El cartucho físico original existe y se puede encontrar en el mercado del retrogaming, a precios que varían bastante según el estado de conservación. No es el más caro de la era de 16 bits, pero tampoco es un regalo.

Lo que no ha cambiado en 33 años es lo siguiente: la primera vez que suena Go Straight mientras avanzas por la calle al inicio del Stage 1, las ganas de llamar a alguien para que se siente a tu lado y coja el segundo mando siguen siendo exactamente las mismas.

¿Jugaste a SoR2 en su época o llegaste por el 4? ¿Cuál era tu personaje? Cuéntanoslo. Y si quieres más Mega Drive y SNES en vena, tienes el post sobre Donkey Kong Country y la revolución visual que salvó al SNES —y también sobre Mega Man X y lo que hizo Capcom con los 16 bits de Nintendo.

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